Las relaciones en la oficina y el trabajo

Mantener buenas relaciones con los compañeros de trabajo, es parte fundamental del bienestar y buen clima que se respire al interior de cualquier organización. Pero conseguirlo puede no ser tan sencillo, si se tienen en cuenta los diferentes intereses que mueven a las personas, los rasgos particulares de la personalidad de cada individuo e incluso aquello que llamamos “química” y que tiene que ver con la afinidad, indiferencia o antipatía, que desde un primer momento empieza a desarrollarse entre dos seres que se conocen.

La cortesía y los buenos modales, más allá de los sentimientos que nos despiertan las personas, son fundamentales para que la convivencia pueda darse dentro de cualquier sociedad, especialmente si se tiene en cuenta que cada uno de los miembros que conforman una comunidad, es un ser único e irrepetible, con formación, valores, creencias, conocimientos y experiencias distintas, que merece ser reconocido y valorado en toda su dimensión humana.

 

 

Peter F. Drucker, refiriéndose al accionar de los individuos en el trabajo decía: “es una ley de la naturaleza que dos cuerpos en movimiento, que entran en contacto, generen fricción”. Si tenemos en cuenta que no es posible alcanzar los objetivos de una empresa, ni los de cualquiera de sus áreas sin la permanente interacción de sus miembros, tendremos claro que las fricciones, desacuerdos y malentendidos son una consecuencia lógica de las relaciones entre las diferentes personas que forman parte de una sociedad. Drucker entonces nos ofrece una solución simple a los problemas que necesariamente se van a presentar, cuando dice: “los modales, son el aceite lubricante de toda organización”.

De ahí que las empresas deban velar porque entre los colaboradores, y entre estos y sus jefes, al igual que entre la empresa, los proveedores y los clientes, se dé permanentemente un trato digno, respetuoso y justo, que garantice la armonía de las relaciones entre todos sus integrantes.

Dentro de las empresas, como microcosmos que son, pueden darse todo tipo de relaciones buenas y malsanas, que favorezcan o entorpezcan el diario desempeño de la organización. El compañerismo, por ejemplo, es una consecuencia ideal del trabajo en equipo y se da principalmente cuando se ha conseguido que los colaboradores se identifiquen, comprometan y luchen por alcanzar un objetivo común. Este valor es propio de quienes han conseguido dejar de lado intereses particulares en pos de objetivos comunes y de aquellos que han desarrollado un alto sentido de pertenencia a su organización o área de trabajo.

Las amistades necesariamente tienen que darse dentro de las empresas y surgen principalmente entre aquellos que se identifican y complementan, comparten intereses y disfrutan desinteresadamente de su compañía. Las amistades, indudablemente son benéficas para el trabajo, no solamente porque implican lealtad, que es un valor fundamental en cualquier relación, sino porque alivian la pesada carga del trabajo, son el soporte de las angustias y problemas y la fuente los consejos que necesitamos a diario.

No obstante, las amistades pueden tornarse nocivas al interior de las empresas cuando se convierten en factor de influencia en la toma de decisiones, especialmente cuando de incrementos salariales, premios y ascensos se trata. Humanamente es comprensible que un amigo trate de ayudar a otro amigo, pero es grave para el mantenimiento de un buen clima organizacional y la motivación de los colaboradores, cuando esa “ayuda” es percibida como fuente de privilegios no merecidos.

Lo mismo sucede cuando la relación empieza a trascender los límites de la amistad y se produce el enamoramiento, un hecho absolutamente natural, impredecible e inevitable en cualquier espacio en el que interactúen seres humanos. Las relaciones amorosas dentro de las empresas son muy comunes, pero a veces implican serios inconvenientes, principalmente porque una de sus consecuencias más comunes y visibles, es la pérdida de la objetividad de los enamorados, lo que lleva a favorecimientos, que son muy nocivos para la organización, especialmente cuando la relación amorosa se da entre quienes existe algún tipo de subordinación.

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